lunes, 21 de marzo de 2016

Verdadero y falso ecumenismo




PREGUNTA: ¿Qué es el Ecumenismo?
RESPUESTA: Es el movimiento teológico que tiende a unir a toda la humanidad bajo una misma y verdadera religión.
PREGUNTA: ¿Se puede hablar de un verdadero y de un falso ecumenismo?
RESPUESTA: Sí. Un verdadero ecumenismo es aquél que tiende a unir a todos los hombres siguiendo el único y verdadero mensaje de Cristo, el único Redentor; y de la única iglesia por Él fundada. El mismo Jesucristo nos da la pista: “Tengo otras ovejas que no son de este redil; a ésas también me es necesario traerlas, y oirán mi voz, y serán un rebaño con un solo pastor” (Jn 10:16).
PREGUNTA: ¿Qué ecumenismo puede ser considerado como erróneo o falso?
RESPUESTA: Aquél que apareció principalmente después del concilio Vaticano II. En él se tiende a buscar la unidad de todas las religiones pero a costa de ceder cada una un poco. Para llegar a ello habría que:
1.- Renunciar a las diferencias entre las religiones con el fin de buscar sólo algunas de las verdades aceptadas por todos o al menos por una mayoría. Dado que eso reduciría el número de las verdades aceptadas a prácticamente nada, entonces habría que dar un segundo paso.
2.- Buscar formulaciones genéricas comunes, aunque luego cada uno las interpretara de modo diferente.
Por ejemplo: en el ofertorio de la Misa católica del Novus Ordo se dice:” …él será para nosotros pan de vida”. Este “para nosotros” hace que una realidad objetiva, como es la presencia real de Cristo en la Eucaristía, pueda ser interpretada en un sentido subjetivo: “para mi será pan de vida”, para otro puede ser otra cosa diferente.
Dicho de otro modo: esta frase puede ser igualmente aceptada por un católico (que la entendería en sentido de presencia real de Cristo en la Eucaristía) como por un protestante (que la entendería en sentido subjetivo. Para mí el pan eucarístico sigue siendo pan, no ha habido ninguna transustanciación).
Así pues, con una misma formulación se habría “unido” a las dos confesiones, la católica y la protestante en este punto concreto. En realidad no habría ninguna unión, pues cada una estaría interpretando la frase con un sentido diferente. No habría unión real de credo sino sólo de formulación. A eso nunca se le puede llamar verdadero ecumenismo.
La presencia de Cristo en la Eucaristía es real, independientemente de mi fe o de lo que yo piense que es. Quien hace que Cristo esté presente en la Eucaristía son las palabras dichas por el sacerdote en el momento de la consagración de la Misa, y no mi fe.
Por lo que para evitar confusiones habría que decir: “…él será pan de vida” eliminando el “para nosotros”.
Las consecuencias de todo ello serían las siguientes:
1.- Tendríamos que renunciar a muchas verdades enseñadas por Jesucristo y luego creídas y defendidas por la Iglesia católica. Ej.: sacerdocio, sacramentos, Virgen María…
2.- Sería reconocer que no existe “la verdad”; sino que más bien existiría “mi verdad”, la cual sería la que cada uno se “fabricara” según sus propios criterios. Es decir, caeríamos en el más burdo de los subjetivismos.
3.- Al mismo tiempo, esta corriente ecumenista, que empezó prácticamente después del Vaticano II, estaría causando una grave confusión entre los fieles. Para unos, todo se reduciría a que lo mismo daría una religión que otra con tal de que uno fuera fiel a ella. Llegaría un momento en que si todo da lo mismo, lo mejor sería fabricarse cada uno su propia religión. En otras palabras, destronar a Dios y ponerse el hombre en su lugar. ¿No les recuerda esto a la tentación del Paraíso? Habiendo buscado salvar a todos los hombres, pero por caminos diferentes a los de Cristo, lo que habríamos conseguido sería condenarlos a todos.
Es curioso el tremendo auge que están teniendo las religiones “aconfesionales” en el mundo protestante.
4.- Decir que todas las religiones son verdaderas es lo mismo que decir que todas las religiones son falsas. Y ello ha llevado a muchas personas al indiferentismo y al ateísmo. Es decir, a una apostasía universal.
5.- Al mismo tiempo, si aceptamos que cualquier persona puede fundar una nueva religión sería como decir que Cristo no es el único Redentor; en otras palabras, que podríamos haber sido redimidos sin Cristo. Y recordemos las palabras que San Pablo nos transmitió: “Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo” (1 Tim 2:5)
PREGUNTA: ¿Cuál sería el correcto ecumenismo?
RESPUESTA: Aquél que ya nos propuso Jesucristo en Jn 17: 20-26: “Para que todos sean uno; como tu ¡oh Padre!, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros”.
Toda la humanidad siguiendo al verdadero y único Dios en una Trinidad de Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Como fue revelado por Jesucristo, el fundador de la verdadera Iglesia: la Iglesia católica.
¿Qué se entiende con el nombre de “La Iglesia de Cristo”?
PREGUNTA: ¿Qué es la Iglesia de Cristo?
RESPUESTA: Es la Iglesia fundada por Jesucristo y entregada a los Doce Apóstoles y sucesores. Es decir la Iglesia católica.
PREGUNTA: ¿Por qué se usa a veces ese vocablo “Iglesia de Cristo” para referirse también a iglesias que no son la Iglesia católica?
RESPUESTA: Desgraciadamente, debido a un ecumenismo mal entendido que está circulando entre teólogos y eclesiásticos de renombre, se llama Iglesia de Cristo a cualquier iglesia que reconoce a Cristo como Salvador. Por ejemplo: iglesias pentecostales, bautistas… Tal como habíamos dicho más arriba cuando hablábamos del ecumenismo, hay una tendencia actual a usar los mismos términos para expresar contenidos totalmente diferentes. El término “Iglesia de Cristo” para un católico es sinónimo de Iglesia católica; pero para un protestante, también su iglesia sería de Cristo, pues aceptan a Cristo como su salvador, aunque luego rechacen muchas de sus enseñanzas, sacramentos…
PREGUNTA: ¿Por qué hoy día se habla más de la Iglesia de Cristo que de la Iglesia católica?
RESPUESTA: Por la tendencia ecumenista a borrar las diferencias entre las diferentes iglesias, aunque ello produzca malentendido, confusión e indiferentismo. Esa forma de hablar está extendiendo la idea de que cualquier iglesia es capaz de salvarnos. En otras palabras, que todas las iglesias son verdaderas (aunque unas más que otras). Todo ha quedado reducido a decir que en la Iglesia católica hay una mayor participación en la Iglesia de Cristo; mientras que las demás iglesias también forman parte de esa Iglesia de Cristo, aunque con menos participación, pues no poseen la “totalidad de la verdad”.
PREGUNTA: ¿Qué es mejor, usar el término “Iglesia de Cristo” o el de “Iglesia católica”?
RESPUESTA: Es mejor usar el término “Iglesia católica” porque evita la confusión y el indiferentismo. Por otro lado, el término es mucho más preciso y evita la idea creer que todas las iglesias nos pueden conducir a la salvación.
Indirectamente ese modo de hablar está llevando a la idea de que no es necesaria la conversión a la Iglesia católica; es decir, uno puede seguir en su propia iglesia ya que sería igualmente salvado. Y eso es absolutamente erróneo. Si eso fuera verdadero, entonces ¿para qué servirían los sacramentos que los católicos tenemos y que son rechazados abiertamente (muchos de ellos) por los protestantes? Ese es sólo un ejemplo.
PREGUNTA: Si eso es así ¿Por qué se usa más el término Iglesia de Cristo que es menos adecuado?
RESPUESTA: Habría que preguntarle a quienes lo usan; pero juzgando por los resultados, parece que hay una intención directa de unir a todos los creyentes aunque al final no haya una sola fe, sino que cada uno la interprete según su gusto. Y la verdad, eso no es lo que nos enseña Jesucristo ni San Pablo: “Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo” (Ef 4:5).
PREGUNTA: Si eso es así, ¿por qué se sigue usando, por aquellos que tendrían que evitar la confusión y la duda, el término “Iglesia de Cristo”?
RESPUESTA: Porque lo que buscan es la “unidad” de las iglesias, a pesar de que ello esté produciendo una profunda confusión.
Por otro lado, hay un problema filosófico de fondo. Se ha relativizado el concepto de verdad. Para estas personas que buscan la unidad a toda costa ya no existe “la verdad”, sino “verdades” que son subjetivas y que cada uno interpreta como cree que es mejor.
Este es el resultado de haber abandonado la filosofía realista de Santo Tomás de Aquino (siempre recomendada por la Iglesia)  y haber caído en una filosofía totalmente idealista y subjetivista donde el concepto de “verdad objetiva” no existe.
Esa es la razón por la cual se habla ahora tanto de “mi verdad” en lugar de “la verdad” y cada día se eluda de hablar de los dogmas católicos, para hablar de “la parte de verdad” que tienen los protestantes…
Padre Lucas Prados
Fuente: Adelante la Fe.

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